¿No sabes cómo decírselo?

Quiero cerveza artesana!

Cervezas con historia: Bleder

Con nombre y apellidos 25 de Noviembre de 2014

Con ella disfrutas de un buen rato, saboreando cada segundo. Sólo o junto con amigos. Celebrando los mejores momentos, o quitándote las penas. Es una amiga fiel, escudera de todo momento; es un libro que te permite leer lo que con los ojos muchas veces no puedes ver. Sí, por supuesto, hablamos de la cerveza. Pero la cerveza no es sola nuestra amiga perfecta. Es mucho más.

La cerveza es un vehículo que permite contar historias.

Entre el gran abanico de cervezas artesanas que existe en el panorama nacional, algunas de ellas han decidido apostar por contar historias, leyendas, recuerdos y legados. Las cervezas, por mucho que te quieran (o queramos contar) no es la suma de agua, malta, levadura y lúpulo. No. Esto es sólo la punta del iceberg, cuya base, no visible, oculta bajo el agua, recoge todos los valores que las personas que la hacen posible aportan. Y como cada cual se basa en unos principios, estos difieren mucho de unas a otras (tanto como su sabor). Pero hoy me quiero centrar en las cervezas artesanas que usan la historia y la leyenda como vehículo de viaje para llegar hasta ti. Y para ello te voy a hablar de un dragón de los buenos.

Fortiverd y sus cervezas Bleder

La leyenda cuenta que Bleder era un joven dragón hembra que vivía con su familia en una aldea catalana de la edad media. (Empezamos un poco Hobbit). Su madre era lo que a día de hoy podríamos llamar médico/enfermera, y su trabajo era ayudar a curarse a los dragones, especialmente ante casos de empacho. Estos dragones sólo podían lanzar llamaradas de fuego por una buena causa (no sabemos atendiendo a que regla moral o religiosa están adscritos) y se caracterizaban por poseer tres dedos en cada extremidad. Toda una adaptación de la especie para sobrevivir en el medio, ¡qué feliz estaría Darwin!.

No representaban peligro alguno para los humanos, por lo que no eran perseguidos por estos, aunque vivían protegidos de ellos, especialmente de unos raros personajes humanos llamados monjes. A pesar de ello, el padre de Bleder trabajaba para estos últimos a cambio de comida para su familia, una masa de cebada cocida rica en nutrientes a la que llamaban bagazo. Aquel año llegaron las vacas flacas y la sequía llamó a la puerta del territorio. Por ello las cosechas dejaron de fructiferar e incluso los monjes, que eran muy ecologistas (unos avanzados de su época), dejaran de sembrar cebada. Y si no se siembra no hay cereal, y si no hay cereal no hay comida, y si no hay comida: Caos.

Ahora es cuando llegamos al momento épico (no se porque me viene a la cabeza William Wallace en este momento, veo dragones azules). Bleder no se dió por vencida, abrió sus alas y echó a volar hacia el norte. (Winter is coming). Allí conoció a gente, hizo contactos (No tantos como el Pequeño Nicolás) y decidió traer su cebada (Ya sabes que siempre en el norte hace frio, llueve y crece lo verde fácil). Una vez la cebada estaba en su zona, se acercó a los monjes y les pidió que le explicaran cómo se elaboraba esa masa tan rica que comía normalmente, el bagazo. Hablando (y es que hablando se entiende la gente), éstos le comentaron que el producto final no era la masa que ella comía, sino un líquido exquisito llamado...cerveza. ¡¡Ya está aquí!!

A Bleder se le pusieron los ojos como platos, y con gran empaque decidió convertirse en una dragona maestra cervecera. Y esto sólo se consigue con esfuerzo, estudio y práctica, así que a trabajar. Tras meses de formación Bleder comenzó a elaborar su propia cerveza de forma artesanal en una cueva cercana (¿te suena la historia? Cambiamos cueva por casa/garage y... entonces Damm se enfada). Y es que consiguió llevar a casa comida de una manera regular. Pero los dragones no toman cerveza, no vaya a ser que de repente les de por escupir fuego; ellos comían el bagazo. Así que todos sus deshechos (la cerveza) quedaron almaceados en tinajas dentro de la propia cueva. Y con el paso del tiempo la cueva se llenó de tinajas, y es que si no se tiran las cosas al final todo queda desordenado, así que voló de nuevo a ver a los monjes para decirles que si querían la cerveza, se la podían quedar. La probaron y con un sonrisa pícara (estos monjes...) accedieron con mucho gusto a quedársela. Era de largo la mejor cerveza que había probado, lo tenía todo.

Pero es que la historia no se queda aquí, aún queda un poco para el colorín colorado. Por un lado los monjes se quedaron muy felices, perfecto. Pero es que la madre, al enterarse (las madres se enteran de todo, no sé como, pero lo hacen), dijo que por probar un poco no pasaba nada, y de un poco pasó a un poco más, y de ahí a investigar porque los monjes estaban tan bien conservados y eran tan sanos y felices. Los resultados fueron contundentes, consumir cerveza de forma moderada era muy bueno, así que decidió introducirla entre sus remedios médicos. Gente sana, gente feliz; y ya sabes cuando la gente adulta está sana y feliz: la población de dragones aumentó más que con los goles de Iniesta.

Por ir terminando. ¿Qué consiguió Bleder?

Que humanos y dragones vivieran en paz y armonía durante muchos años para todos. Y ahora sí, colorín colorado este cuento se ha acabado. ¿Os ha gustado? A Fortiverd mucho, tanto que han adoptado la leyenda y tras varios años de duro trabajo e investigación, han averiguado cual es el bagazo más energético y sabroso para un dragón, reproduciendo la forma de preparar la cerveza de la cueva de Bleder, y en su honor han bautizado a su nueva cerveza artesanal, hecha según las normas de la joven dragón, Bleder.

Y como para entender y comprender la historia no hay nada mejor que verla, sentirla y saborearla, disfruta de las cervezas artesanas de Bleder.